FERIAS AMERICANAS: DESCARTE DE UNO, TESORO DE OTROS

Los propietarios de estas tiendas supieron responder a las necesidades de un público que no hallaba respuestas en los comercios convencionales, y se sumaron al circuito de la moda y el diseño. El resultado: todo un éxito.
El espectro de clientes es basto, va desde un linyera hasta un diseñador, pasando por actores que buscan sus propios vestuarios y señoras de la alta sociedad que venden carísimas carteras importadas.
Los locales de ropa de segunda mano se multiplican cada año con locales a la calle, sin contar las ferias en galerías, en casas particulares y en instituciones que buscan recaudar dinero. Por otra parte, se suman más de una veintena de personas que se dedica, desde una pequeña empresa familiar, a organizar grandes ventas al estilo americano, en las que se puede conseguir cualquier objeto.
En la actualidad, las ferias americanas son muchos más que el simple comercio de ropa usada, a veces en mal estado; ahora los locales son más glamorosos y buscan ofrecer originalidad, diseño y buena calidad, todo es llamativo, y la oferta de prendas es muy amplia.
Los habitués buscan vestuarios para producciones,  buenos diseños, marcas y, a la vez, ahorrar dinero y ganar con la venta de lo que ya no usan.  Lo que distingue a estos negocios son las rarezas que se pueden encontrar, y la clave es saber seleccionar minuciosamente cada prenda.
Cuando las ferias comenzaron en Argentina sólo un pequeño grupo de gente iban a estos lugares o encuentros. Con el tiempo ese grupo se amplió muchísimo por varios motivos; la ropa nueva es muy cara y también desapareció el mito de la feria monótona y con olor a naftalina.

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